Colombia es un país en el que confluyen tres grandes eco-regiones: el corredor centroamericano, la zona andino-amazónica y la zona pacífica tropical andina. Esta enorme riqueza ecológica produce una gran cantidad de climas y biodiversidad que a su vez se refleja en el alto número de fibras naturales adaptadas por diferentes grupos indígenas. Una de estas fibras es la famosa caña flecha (lat. Gynerium sagitarum).
La caña flecha es una planta muy parecida en su aspecto a la caña de azúcar, pero su tallo y sus hojas son más delgadas. Crece en terrenos húmedos, denominados por los indígenas bajos, en arcilla y arena.
La caña flecha como un material, símbolo de la identidad, usado por los indígenas de la costa caribe tiene una historia muy larga. Gracias a las excavaciones se supone que ha sido conocido ya en los siglos III y II antes del Cristo.
Existen 3 clases de caña flecha:
• Criolla – originaria del resguardo indígena Zenú, es de la mejor calidad
• Martinera – más rústica, también sembrada en zonas del resguardo
• Costera – cultivada en las márgenes de los ríos San Jorge, Cauca y Sinú.
La caña flecha tiene muchísimos usos entre los indígenas de la Costa. Su tallo es utilizado para cercar casa de bahareque; las espigas se utilizan como caña de pescar; las pantojas son elementos ornamentales de las casas, pero el uso más extendido son las artesanías (bolsos, carteras, billeteras, cinturones, aretes, pulseras, anillos, etc.). Para la elaboración de las artesanías los artesanos utilizan solo la vena interna de la hoja de la planta, quitándole los lados. Luego, raspan la vena y la dejan secar al aire libre. Las venas son cortadas de diferentes anchos, dependiendo de la artesanía que se va a ser de ellas. Las venas más delgadas y finas sirven para producir trenzados de mayor dificultad y calidad (la fibra muy delgada es denominada por los indígenas Zenú lica).
El color natural de la fibra es blanco o canela. De todas formas, las fibras se pueden teñir. Para esto se utilizan tintes vegetales y minerales naturales para lograr los colores: negro, café, rojo, amarillo y verde. Las fibras se cocinan en ollas de barro con los tintes durante tres veces para obtener el color deseado. Las fibras de color natural y las teñidas se combinan para obtener los diseños sorprendentes, como figuras geométricas que se denominan de acuerdo a su semejanza con animales, frutas, plantas o sucesos y eventos.
Más adelante las fibras se trenzan, pero la calidad del trenzado depende de la habilidad de los trenzadores, que casi siempre son niños (sus manos pequeñas son muy hábiles) y mujeres.
La caña flecha no es solamente una fibra ni un material que sirve para producir accesorios. Desde el punto de vista antropológico, significa mucho más, ya que está con la población indígena Zenú desde los siglos, acompañándolos con su significado de valor y afecto. Cuando una mujer le regala a un hombre un sombrero vueltiao elaborado de caña flecha, se compromete con él. Por otro lado, el sombrero vueltiao posee el significado del respeto. Es por esta razón que cuando se encuentran dos hombres, cuando se sientan a la mesa, cuando pasa un sepelio o cuando entran a un templo, se quitan los sombreros.
A pesar de los tiempos de la colonización y de la esclavitud, los indígenas Zenú han logrado conservar la caña flecha y sus usos tradicionales. Hoy en día, la caña flecha constituye el símbolo de su cultura plasmado en las artesanías y sombreros vueltiaos producidos de este material.
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